(6) De lecturas, parte 2.
Leer mucho no hace que dejes de ser una persona de mierda.
Volvía de unos días en Galicia y me ocurrió algo que no había experimentado en mi vida: empecé un libro en el tren y me lo terminé, del tirón, antes de llegar a mi destino. Luego os hablo de esta maravilla.
Iba sentada en una de estas mesas en las que tus rodillas chocan con las de en frente. La mujer que estaba sentada frente a mí tenía un libro gordísimo encima de la mesa. Me fijé, y era Todo esto te daré, la novela con la que Dolores Redondo ganó el premio planeta en 2016 (está guapo que de vez en cuando no premien en esta vaina a alguien a sueldo de atresmedia).
Por encima de mi libro a veces percibía que la mujer me miraba y poco después cogía el suyo, leía un poco y lo volvía a dejar. Yo, montándome las películas habituales cuando observo a la gente, me pregunté si se sentía animada o presionada al verme a mí (buena flipada yo). Le costaba leer varias páginas seguidas, pero continuaba intentándolo intermitentemente. Los transportes públicos pueden ser buenos lugares para contagiarse de otras que están leyendo, pero creo que como siempre hay una doble cara y es la de no sentirnos movidas a ello sino auto-obligadas. O al menos yo, como persona que saca el latiguito con frecuencia por mil historias distintas, lo veo así.
A menudo, sobre todo durante el curso porque es la época en la que menos leo con diferencia (y estamos hablando de diez meses de mi año), me siento mal porque no leo o leo muy poco o empiezo un libro y no me engancha o nunca encuentro momentos en los que me apetezca realmente leer. Entre todas las posibilidades que tenemos para ocupar nuestro tiempo fuera del trabajo, la lectura suele erigirse como una opción más sana. ¿Como una opción moralmente mejor que otras quizás?
Esto es algo que me molesta, y hablo siempre desde la propia experiencia porque para trampitas las que me pone mi cabeza. No todas las personas tienen las circunstancias óptimas para leer. Últimamente pienso en mucho en cómo asociamos lo moralmente más aceptable a nuestros hábitos más cotidianos, desde nuestra alimentación a nuestro ocio, pasando por nuestras horas de sueño o las actividades que hacemos en nuestro tiempo libre (en parte, porque estamos en una época terrible para todo esto). Hay una fina película allí, en todo ello, disfrazada de lo que está bien y lo que está mal, y eso me enerva porque ya suficiente tenemos que gestionar de por sí.
Quería extralimitarme y decirle a la mujer del tren que si no leía estaba bien, y que si no le estaba gustando un premio planeta también estaba bien. Una persona de mierda, que actúa para joder a las demás, seguramente seguirá siendo una persona de mierda por mucho que se lea tres libros a la semana. Y una persona maravillosa, que trabaja en sí misma y procura cuidar a su gente, lo seguirá siendo aunque se pase un año entero sin leer ni una sola página.
No me malinterpretéis. Esto no va en contra de la lectura, sino en contra de que nos sintamos mal porque no estamos leyendo lo suficiente o porque no leemos lo que se supone que deberíamos leer. Siempre intento, desde mi pequeño espacio de acción, motivar a leer aquello que nos guste, aunque nuestro colega el del bigotito perfilado o nuestra profesora en el instituto nos diga que eso no es literatura buena (fui testigo de esto, y qué triste). Y matizar, además, que no todo lo que leemos de manera cotidiana está en la literatura.
Un poco hipócrita por mi parte empezar esto escribiendo que me leí un libro del tirón, ¿no? Pero simplemente tuve suerte de pillar algo que me enganchó teniendo horas de viaje por delante, y de tener en ese momento energía para hacerlo. Antes de ese día, durante meses había leído lo que yo considero (las contradicciones) muy poco. Y ese día hubo match. Así de sencillo, supongo. Igual que cuando una película me remueve o un videojuego consigue que no quiera cerrarlo.
Algo que he hecho estos meses y con lo que estoy muy contenta es desempolvar mi carné de la biblioteca. Más allá de que hace dos mudanzas me dije a mí misma que no iba a comprar más libros (socorro), he encontrado allí un espacio relajado donde tomarme mi tiempo para buscar lecturas sin ningún tipo de autopresión. Y he devuelto libros que no he leído, y no pasa nada. Ya volveré a ellos, si así tiene que ser.
Y, después de esta chapa, os dejo los libros que más me han gustado estos meses, por si tenéis ganas, energía, tiempo… Y sobre todo ningún tipo de presión moral encima (además están escritos por tías chulísimas).
El libro que me leí en el tren. Recomendadísimo en general, pero sobre todo si llevas una época en la que te cuesta engancharte a la lectura. Se lee ligero pero esconde muchísimo.
Una historia con varios narradores que me tuvo obsesionada. No me cansaré de decirlo: vivan las escritoras latinoamericanas.
Un libro con el que conectas más si has vivido algo parecido a lo que narra; si, como dice la autora en la dedicatoria, habéis estado en un coche a 200 kilómetros por hora (y ojalá no lo hayáis vivido, la verdad).
Eso es todo. Leed si podéis pero sobre todo leed si queréis. Que nadie os haga sentir menores por no hacerlo.




