(2) De prisas.
Que-no-llego-coño-que-no-llego.
Tengo un problema con las prisas, o varios. Para empezar, y quizás es el que más me preocupa, siento que la mayor parte del tiempo habito esta existencia con prisas. Y, a la vez, pienso constantemente en el agobio que me produce atravesar los días (sobre todo en los que he de cumplir con mi jornada laboral, no os voy a engañar) así.
Ojo, no soy una ingenua. Sé que, por desgracia, esto es un problema sistémico. Afirmo que es un problema porque es algo que dificulta que podamos vivir más tranquilas. Me declaro en contra de todo discurso que asegura que las prisas son combustible para que aprovechemos nuestro día, que si en una sola jornada hemos hecho 300 cosas es porque somos unas espartanas y que pim que pam, ya sabéis… Esos alegatos disfrazados de persona sudorosa en la cinta de correr que no son más que un disfraz para la exaltación de la productividad (diagnóstico: capitalismo).
Y asevero que es sistémico no solo porque la mayor parte de las personas que me rodean estén comidas por el estrés y la sensación asfixiante de no ser capaces de llegar a todo. Lo es además porque estamos en la época de las energías bajas, de los consejos para mejorar el rendimiento (salir de la cama en ocasiones), de suplementarnos para ver si así no vivimos agotadas. De tomar más proteína y caminar diez mil pasos y entrenar fuerza para nuestra salud, de mejorar nuestra alimentación, de enchufarnos la creatina todas las mañanas, de obligarnos a sacar ese rato porque hace días que no vemos a nuestra gente, de añadir a ese no llegar a todo la auto-obligación de dormir más casi cada día (todo ejemplos propios, no he venido aquí para hacerme la lista).
La rapera Faenna, con sus 22 añitos, tiene un tema que se llama Tengo que hacer algo que comienza preguntándose ¿Cómo puede ser?, antes de desgranar todos los quehaceres que se exige a sí misma, entre ellos el dejar de autoexigirse tanto. Cuando lo escuché por primera vez tuve que repetirlo, porque no podía creer que me viera tan retratada en la letra. Os pongo un trocito pero querría poneros la letra entera:
Tengo que hacer las tareas, limpiar, fregar, tender, hacer la compra
Tengo que leer mensajes, planear, contestar, sacar los pros y los contras
Tengo que ser creativa, ir al estudio, escribir y acabar la obra
Pero tengo que salir a la calle, reunir experiencias para poder contar historias
Debo tener una rutina, estudiar, terminar la carrera, aprobar sin copia
Cuidar mi autoestima, encontrar paz mental, controlar estas tres mil fobias
Necesito buscar tiempo pa' mí, y sacar tiempo pa' to' mis colegas
Llevar a mi hermanito al cine, lo prometí, hace rato no visito a mi abuela
Algo que me sobrecogió es que alguien con la veintena recién estrenada pudiera relatar ya algo así. No menciona las prisas, pero es inevitable escucharla y contagiarse de ellas, de todas las tareas que se nos acumulan por hacer, algunas cíclicas y otras más con la forma de objetivos vitales, entre los que se encuentran sacar, escarbar, empujar, raspar tiempo para cuidarse.
Esto que escribo (con prisas, no me escondo) no va a dirigirse hacia una diatriba sobre el autocuidado, sobre que debemos parar y respirar y tomar consciencia, porque sé que todas lo intentamos, en mayor o menor medida. Creo que no sería justo ir hacia allí, porque eso pondría en nosotras un foco indebido. No os voy a invitar a vivir más despacio, porque estoy segura de que todas lo haríamos si tuviéramos las circunstancias propicias para llevarlo a cabo (y lo hacemos, siempre que podemos).
Pero sí me gustaría recordarnos que está bien ir de vez en cuando en contra de esas prisas. Que no estamos incumpliendo la cláusula de ningún contrato si elegimos aislar tiempo para ver a nuestras amigas y abrazar a nuestra gente, dormir cinco minutos más aunque tengamos que apretar el paso para llegar a trabajar esa mañana, permitirnos quedarnos un ratito en nuestra cueva particular si sentimos que nuestro cuerpo es lo que necesita. A menudo nos autoexigimos para mantener el límite entre el reposo y cumplir con nuestras tareas; está bien, es normal, soy la reina en quedar atrapada a veces en ese espacio intermedio.
No aspiro a vencer la sensación de vivir con prisas, intento evitar ese toque mental de Tengo que hacer algo, que diría Faenna. Sin embargo sí seguiré intentando tomar consciencia de que hay días en los que es difícil parar el tren mental y a pesar de ello puedo decirme que no pasa nada, que hago lo que puedo y que por suerte tengo una red que me sujetará cuando no quede otra que precipitarse al vacío.
A veces esa es nuestra revolución. Que les jodan a los discursos sobre llevarnos al límite para aumentar nuestro rendimiento y productividad. Estamos aquí, habitamos este espacio que es nuestro aunque nos lo quieran quitar y solo por eso sé que nunca estaremos del todo perdidas.

